En las relaciones de pareja la cuestión del reparto en la atención física y emocional de los niños (especialmente los bebés) se asocia con factores que pueden aumentar o reducir el estrés y por tanto el malestar o el bienestar en la relación.

La llegada de un nuevo miembro a la casa aumenta el nivel de exigencia en los padres, y es necesario comunicarse y coordinarse para repartir las cargas en función de cada situación familiar, es muy gratificante ver cómo crecen los niños, pero a su vez requieren un esfuerzo o trabajo extra por parte de los padres. Esta es la razón de la importancia del apoyo mutuo en la pareja que actualmente se suele llamar “coparentalidad” o “corresponsabilidad” en la crianza haciendo referencia al compromiso de trabajar o implicarse como una unidad en la misma.

El reparto de los cuidados físicos y emocionales que el bebé necesita es una cuestión importante en muchas familias y en buena parte sigue recayendo muchas veces en la madre (que también debe recuperarse físicamente del parto) que además desarrolla buena parte de todo el trabajo emocional en las familias. Los desajustes pueden implicar desacuerdos que requerirán aumentar la comunicación entre la pareja para afrontar los nuevos desafíos, así como el refuerzo entre ellos y el apoyar en las decisiones conjuntas.

Si bien esta demanda es mayor en los primeros años (por la total dependencia del bebé), posibles problemas en esa coordinación pueden manifestarse a lo largo del tiempo, también como parte de la adaptación de la familia a la llegada del nuevo miembro . No se trata hacerlo todo igual, … ni perfecto … , pero debe haber una coherencia entre las demandas y desafíos que el bebé supone y los recursos personales de cada padre, tanto por separado como de forma conjunta ponen en juego ya que han de desarrollar nuevas estrategias y formas para acomodarse a las necesidades del bebé y reajustar la situación entre ellos.

Evidentemente, la posible falta de experiencia en los padres y niños, problemas de salud en los padres (cuestión importante que frecuentemente olvidamos) y otras complicaciones o problemas pueden complicar el cuadro, y dificultar el reajuste entre la pareja y en la familia. Asimismo la impulsividad y el estrés (tanto interno como externo) pueden afectarnos y rebajar nuestra disponibilidad para ese reparto corresponsable de las demandas de atención al bebé y a la familia.

Con el tiempo, según el bebé crece y aumenta en autonomía, crece y gana en independencia y madurez, va a facilitar la coordinación entre los padres y favorecerá una mayor satisfacción y menos sobrecarga. Las prácticas e interacciones que hemos comentado, el conocimiento del rol de cada uno y el trabajo conjunto previo contribuirá a reducir la presión y aumentará la satisfacción personal y con la pareja.

Por tanto, fortalecer la relación de pareja y favorecer la implicación de ambos padres beneficiará el bienestar del bebé, de la pareja y de la familia en cada situación, independientemente (y estos es interesante) de las prácticas parentales concretas … y de su perfección.

En esta alianza entre los padres, la experiencia de cada uno según la crianza recibida de sus padres puede aparecer de forma más o menos consciente y jugar un papel en la situación al activar los llamados sistemas de apego de cada persona y las estrategias que ésta pone en juego.

Referencias:

Young, M., Riggs, S., & Kaminski, P. (2017). Role of marital adjustment in associations between romantic attachment and coparenting. Family Relations, 66(2), 331-345.

Williams, D. T. (2018). Parental depression and cooperative coparenting: A longitudinal and dyadic approach. Family relations, 67(2), 253-269.

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