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Todo deportista mantiene un diálogo interno mientras está inmerso en una competición. En muchas ocasiones esa autocharla se presenta de manera negativa y es aquí donde comienza una cascada de pensamientos que fluye de la mente sin interrupción.
Son los llamados pensamientos automáticos porque se expresan sin reflexión y se graban como válidos.

Un futbolista después de fallar una ocasión clara de gol y a falta de 30 minutos para finalizar el partido no dejó un solo instante de decirse: “nunca seré capaz de marcar goles, el míster no me volverá a convocar, no soy capaz de resolver jugadas claras en los partidos, soy un fracasado”.

Da igual qué tipo de expresiones irreales se estuviera diciendo, el futbolista creía en aquel momento todo lo que se decía a sí mismo.
Como verás, todos estos pensamientos sólo pueden conducir a una situación concreta: crean fantasmas de dolor futuro, puesto que uno se preocupa por la anticipación del peligro, es decir, teme que nunca más vaya a meter goles ¿por qué no?, teme que el míster no cuente más con él ¿por qué no?, teme que no sea capaz de resolver más jugadas ¿por qué no?, teme ser un fracasado ¿dónde pone que por cometer fallos en un deporte uno sea un fracasado?.
Tras una jugada fallida, como esta, únicamente tienes que decir “esta vez he golpeado mal el balón”.
Este futbolista cabizbajo durante 30 minutos no pasó desapercibido en el terreno de juego, pues en encadenó una sarta de errores consiguiendo que los compañeros se encolerizaran con él y el míster no lo alineara en el siguiente partido.

Los pensamientos negativos presentan unas determinadas características:

  • Son aprendidos: cada persona utiliza aquellos con los que está habituado. Los que escucha con mayor frecuencia en su entorno. Los que ha integrado por el uso.
  • Son creídos: no permiten ser probados, no son sometidos a un análisis lógico. Se dan, por cierto.
  • Son difíciles de desviar: parecen ir y venir con voluntad propia. Como si no los pudiéramos controlar. Esto es una creencia completamente alejada de la realidad.
  • Son dramáticos: siempre predicen catástrofes. Ven peligro en todas partes e imaginan lo peor. Las dramatizaciones suponen la mayor fuente de ansiedad.
  • Son espontáneos: entran de golpe en la mente y son engañosos.
  • Son idiosincráticos: van a ser formulados en función de unas características personales de modo de ser y de la influencia del entorno en el que uno se desarrolla.
  • Desembocan en términos condicionales: “debería haber marcado”, “tendría que haber estado más atento”, “debería ser más enérgico”. Cada debería o tendría precipita un sentimiento de culpa o pérdida de autoestima.

La persistencia y permanencia en el tiempo de pensamientos negativos puede tener su desenlace en la depresión. Ésta no es más que un estado mental de tristeza donde se pierde el interés por las actividades que producen placer. También genera una disminución de la capacidad psicomotriz, pues el sujeto presenta cansancio, insomnio y falta de concentración, entre otras afecciones.

El deportista que durante un largo periodo de tiempo está inmerso en un cosmos de reproches, críticas, desaprobaciones y censuras es acogido fácilmente por el decaimiento.
Este estado de desaliento va a propiciar un considerable descenso en su rendimiento. Por lo tanto, si los errores provocan un abatimiento del jugador y este abatimiento va a provocar los errores, ¿cómo se sale de este círculo?

En primer lugar, tienes que saber que cada sentimiento doloroso que experimentas se debe a un pensamiento negativo distorsionado. Es distorsionado porque se aleja de la realidad. Un deportista que entrena y afronta los esfuerzos a diario no va a fallar siempre, tendrá muchas oportunidades para demostrar sus cualidades. Tampoco por eso es un fracasado. Colocarse esta etiqueta es una forma extrema de descalificarse. Estas etiquetas negativas son simplistas y erróneas.
Así, pues, una vez que el pensamiento negativo ha sido reconocido conscientemente hay que reestructurarlo.

Probablemente seas escéptico con todo esto, pero se debe a que tu modo de pensar negativo esté integrado en tu vida y estos pensamientos pasan por tu mente automáticamente sin que experimentes el menor esfuerzo para que afloren.

Los pensamientos negativos tras los errores o tras rachas de no obtener resultados eficaces se pueden detener y sustituir por otros ajustados a la realidad. En primer lugar, vamos a identificar las diversas distorsiones cognitivas que un deportista puede cometer y en función de éstas vamos a transformar el pensamiento en una fuerza potenciadora de un rendimiento óptimo.

Conclusiones apresuradas: Un futbolista durante tres jornadas seguidas no se siente seguro al cerrar los espacios en defensa, permitiendo ocasiones de gol para el contrario. El portero se percibe desprotegido manifestando su enfado. Tras finalizar el último partido se decía: “me doy cuenta de que no podré alcanzar mi sueño de ser futbolista en la máxima categoría. Cometo demasiados errores y está claro que no se fijarán en mí para promocionarme”.

¿Cuál es la distorsión? Las percepciones negativas…
Está suponiendo que no podrá llegar a convertirse en un magnífico futbolista, ¿por qué no? Si todavía le queda un largo camino para intentarlo.
Está leyendo el pensamiento de los demás, adivinando que nadie lo promocionará. Esto se llama error del adivino.
Tal vez haya entrado en una pequeña racha donde se suceden los errores y entonces es el momento de preguntarse ¿a qué se deben? Las causas pueden ser múltiples. Entre ellas podemos destacar decepciones que los deportistas en algún momento de su carrera pueden padecer, ilusiones rotas, expectativas al alcance pero que no llegan. Toda esta amalgama de sentimientos, emociones e incertidumbre forma parte del juego y hay que saber afrontarlo, para al final, intentar ganar la batalla.

Lo primero que este futbolista tiene que decirse es: “hoy he cometido algunos errores. Tengo que prestar mayor atención a las consignas del entrenador y del juego. A partir de mañana voy a entrenar fuerte y duro las carencias que me hacen cometer estos errores. No voy a distraerme con pensamientos apresurados, simplemente voy a aprovechar mi tiempo en mejorar.

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