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Tus expectativas condicionan el futuro de tu hijo/a.

La confianza que tengan sobre nosotros puede darnos alas para alcanzar nuestros objetivos en la vida.
Esta es la base del Efecto Pigmalión, las expectativas de nuestro entorno pueden moldear nuestro rendimiento. No somos conscientes del poder que ejerce nuestro lenguaje. Lo que pensamos y decimos a nuestros hijos condicionan su futuro.
Las etiquetas que ponemos a nuestros hijos pueden generar un comportamiento no deseado. Si consideras que tu hijo no es capaz de hacer determinada tarea, muy probablemente acabe siendo incapaz de hacerla.

Experimento de Rosenthal y Jacobsen

El ejemplo más claro y justificado sobre el Efecto Pigmalión proviene de un estudio realizado en el ámbito escolar.
En 1968, Rosenthal y Jacobson realizaron un famoso experimento en un colegio del sur de San Francisco que puso en evidencia hasta qué punto las expectativas de los profesores con respecto a sus alumnos tienden a cumplirse.
Estos investigadores administraron una prueba de inteligencia no verbal a los alumnos de educación infantil y de primaria, aunque dijeron a los profesores que la finalidad de la prueba era identificar a aquellos niños que pudieran tener un progreso intelectual repentino y brusco durante el curso que empezaba.
Después informaron a los profesores sobre qué niños habían obtenido mayores puntuaciones en la prueba, aunque en realidad esos niños (un 20% de los alumnos del colegio) habían sido seleccionados de manera aleatoria (es decir, independientemente de sus puntuaciones reales en la prueba). El objetivo era que los profesores se construyeran unas expectativas sobre este 20% de alumnos a partir de una información que no era real, y comprobar si esta nueva forma de ver a los niños influía en su comportamiento hacia ellos.
Cuando un año más tarde repitieron las pruebas a todos los alumnos, se comprobó que el grupo calificado como más «prometedor» había mejorado realmente su puntuación más que los demás, y la mejoría se mantenía dos años después.
Es decir, aunque la diferencia entre los niños prometedores y el resto en un principio sólo existía en la mente de los profesores, con el tiempo esas diferencias se hicieron reales.
Inducidos por la manipulación experimental de los investigadores, los profesores generaron unas expectativas falsas acerca de la capacidad de aprendizaje y progreso de los alumnos supuestamente prometedores y los trataban de forma distinta de acuerdo con dichas expectativas, dedicándoles más atención y estimulándolos más que al resto.
Estos alumnos, al ser tratados de un modo distinto, respondían a su vez de manera diferente, mejorando su rendimiento académico. Al prolongarse esta dinámica a lo largo de varios meses, los alumnos conseguían mejores resultados escolares y mejores puntuaciones en el test de inteligencia, confirmando así las expectativas de los profesores.

Potencia su autoestima

Es muy fácil que, con nuestras palabras, afectemos al autoconcepto y la autoconfianza del niño. Un niño va formando el concepto de sí mismo en base a las valoraciones que recibe de sus padres, profesores, etc.
Debes motivarle y elogiar sus capacidades para potenciar su autoestima.

Algunas sugerencias:

  • Acepta a tu hijo tal y como es.
  • Reconoce sus virtudes y sus defectos.
  • Refuerza su acierto.
  • No castigues su error.
  • Ponte en su lugar. Ten empatía.
  • Deja que se equivoquen, no lo sobreprotejas.
  • Márcale objetivos y anímale a conseguirlos.

En definitiva, el Efecto Pigmalión o también llamada Profecía Autocumplida explica que cuando tenemos una creencia firme sobre una persona, acaba cumpliéndose.

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