El duelo es una reacción humana normal ante la pérdida de un ser querido, con gran variedad de manifestaciones en función de las características y experiencias personales de cada uno. Durante el mismo, frecuentemente aparecen pensamientos distorsionados, reacciones emocionales diversas y otras cuestiones que suelen conllevar evaluaciones negativas de uno mismo, del mundo y del futuro. Por tanto, es normal que haya tristeza, ira, rabia, desesperanza, soledad, desajustes vitales, ansiedad, pensamientos intrusivos etc … a lo largo del proceso de luto o duelo.

La muerte de personas cercanas suele desorganizar “nuestro mundo” , nuestras perspectivas y creencias vitales; y como consecuencia requiere la reorganización dolorosa de la nueva realidad. Esta reorganización permitirá la asunción de la pérdida, desarrollar adecuadamente el proceso de duelo por el que pasamos … y seguir adelante aportando otras cosas positivas a nuestras vidas.

La terapia o el acompañamiento contribuye a la reducción del sufrimiento y ,con el tiempo, a reencontrarnos con nosotros mismos, con el mundo y (sin olvidar lo positivo de las relaciones perdidas) con la vida y con el futuro.

En este estudio que citamos, se revisan tres casos en los que se han aplicado fundamentalmente herramientas cognitivo-conductuales para lograr reducir el malestar en las personas asistidas. La autora parte de un esquema de cómo el “evento crítico” de una muerte cercana desencadena la sintomatología mostrada en cada caso que, a su vez, determinará la evitación de todo lo relacionado con la persona perdida (desajuste emocional), sumado a la preocupación y el malestar que nos acompaña en estas situaciones (desajustes conductuales) pues a veces los recuerdos actúan como disparadores del malestar y de la sintomatología.

La autora desarrolló una intervención con una duración de 22 sesiones de 90 minutos cada una 3 días a la semana. Las cuestiones más dolorosas y difíciles fueron tratadas en la fase final de intervención, facilitando el desarrollo de las diferentes etapas del proceso de duelo y la recuperación de los individuos en los casos que comenta.

Durante el proceso la autora encuentra datos que confirman el hecho de que repetir la historia de la muerte, confrontar con los sentimientos o situaciones evitadas, conversar en imaginación con el fallecido y trabajar con los recuerdos mejoraba la situación de las personas y facilitaban el desarrollo del proceso de duelo. En concreto ella comenta la mejora y la reducción en la sintomatología a corto plazo, y el aumento de la respuesta funcional y emocional a un plazo mayor, logrando finalmente mejorar la capacidad de afrontamiento y facilitando la focalización de la persona en un mejor futuro (la autora incluye un gráfico sencillo y claro que resume las mejoras conseguidas a lo largo de la intervención que aplica) y una mejor integración de la pérdida..

De este trabajo queremos destacar algunas cuestiones sobre la intervención y el proceso que nos parecen interesantes, así como algunas de las herramientas utilizadas por la terapeuta como:

-Establecer “un plan de seguridad” centrado en los apoyos disponibles para los peores momentos.

-El uso de álbumes de fotos ayuda a reflejar a los seres queridos y sus características, incluso los sentimientos que compartieron.

-El recuerdo del árbol familiar para echar un vistazo a las pérdidas familiares, hallar recursos y herramienta olvidados para superar situaciones difíciles, que pueden ayudar a sobrellevar la situación actual y a reestructurar todo el camino recorrido, todas nuestras experiencias vitales que son una de las bases de nuestra identidad..

La relajación como herramienta frente a la ansiedad (que es un procedimiento básico, muy versátil y polivalente para lidiar con cualquier malestar/estrés) al menos una vez al día.

La identificación de los pensamientos disfuncionales, sobre todo porque esta autora los usa para llegar hasta las emociones secundarias asociadas. Para facilitar esta tarea la terapeuta intenta que cada persona desarrolle una imagen interna, lo más completa posible del suceso, para a partir de ella se facilite el proceso de la tarea de duelo emprendida.

Una vez lograda esa imagen, se escribe y describe de la forma más completa posible para que sea más fácil trabajar con ella, procurando sentir la pérdida de forma más positiva, logrando ajustar la reacción emocional y facilitando el cambio de esos pensamientos dolorosos y la rebaja de su intensidad.

-El diálogo “imaginado” con el fallecido, según la autora, permitiría la identificación y la experimentación de las emociones escondidas, reconciliándose la persona con la imagen o la narrativa que mantiene con la persona fallecida. Esto nos ayuda encajar la realidad en un nuevo marco que nos preparará para avanzar en nuestro proceso.

-El reconocimiento y distinción de los pensamientos reales/irreales y la confrontación con su utilidad es un elemento a tener en cuenta a lo largo del proceso.

Con estas herramientas y aplicando técnicas cognitivo-conductuales la autora logra mejorar tanto la asimilación y el proceso de duelo, como la propia imagen de la persona. Los resultado que la autora obtiene son buenos y aporta evidencias de que es una perspectiva adecuada para intervenir en situaciones de duelo prolongado.

Referencia.

Bhattacharya, B. (2015). Cognitive behavioural intervention in prolonged grief reaction: case series. Journal of Rational-Emotive & Cognitive-Behavior Therapy, 33(1), 37-52.

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